
La Columna
El Cristo de los Futbolistas de Buenos Aires: piedad popular de ida y vuelta
La imagen fue encargada en 1979 por Bertoni y Scotta, jugadores del Sevilla F. C., al imaginero Luis Álvarez Duarte, a instancias de monseñor Daniel José Keegan
Carlos María Galli, presbítero de la Iglesia de Buenos Aires, doctor en Teología y director de doctorado en la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina, será uno de los ponentes en el II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular. Su intervención se llevará a cabo, Dios mediante, el próximo 6 de diciembre a las 10:00 horas. Su ponencia tiene por título «Teología».
De este ilustre presbítero argentino es de resaltar que en 2007 fue perito teológico en la Conferencia de Aparecida, en Brasil. Colaboró estrechamente junto al entonces cardenal Bergoglio, desde 2013 Papa Francisco, en la redacción del documento final. En esta Conferencia, los obispos iberoamericanos analizaron la situación actual de la Iglesia en América y delinearon el rumbo para el futuro.
Cuando don Carlos María esté en Sevilla, si visita la iglesia parroquial de la Concepción Inmaculada, en el barrio de Nervión, tendrá oportunidad de venerar la imagen del Santísimo Cristo de la Sed. A buen seguro, su rostro le resultará familiar, tremendamente familiar.
Sevilla y Buenos Aires protagonizan un hermoso ejemplo de piedad popular de ida y vuelta con las imágenes del Cristo de la Sed, que sale en procesión el Miércoles Santo, y el Señor del Gran Amor, venerado en la catedral bonaerense y más conocido como el Cristo de los Futbolistas. Ambas son imágenes debidas a la gubia del ya desaparecido escultor Luis Álvarez Duarte.
Siete meses de trabajo
La historia del Cristo de los Futbolistas es la siguiente.
En otoño de 1979, monseñor Daniel José Keegan, rector de la catedral primada de Buenos Aires, viajó a Roma para asistir a un congreso. De vuelta, paró en Sevilla para contratar la hechura de una imagen del Señor Cautivo para su entronización en la seo rioplatense. Visitó la basílica de la Macarena y quedó prendado del Señor de la Sentencia. Una imagen parecida quería para allá.
Para la localización y contratación del escultor había hablado previamente con Daniel Bertoni, jugador del Sevilla F. C., campeón del mundo con Argentina en 1978. Bertoni formaba pareja en la delantera sevillista con su compatriota Héctor Scotta, muy creyentes ambos.
El campeón del mundo se asesoró por Pablo Blanco, compañero en el Sevilla, y Pedro Marco, antiguo secretario técnico sevillista, en cuanto al imaginero. El elegido resultó ser Álvarez Duarte.
En los primeros días de enero de 1980 se dio el primer golpe de gubia a la nueva imagen por parte de Bertoni y Scotta, en presencia de Blanco. Durante siete meses, el escultor trabajó para tallar el simulacro del Señor en madera de cedro.
Siguiendo una antigua costumbre que con el tiempo ha permitido documentar muchas obras, como ya ocurriera en 1991 cuando se descubrió que la imagen de Nuestro Padre Jesús Caído es obra de Alonso Gayón, o como ha sucedido en estos días con la del Señor Yacente del Santo Entierro de Sevilla, hasta ahora sólo atribuida a Juan de Mesa aunque con fundamento, el artista depositó en el interior del simulacro un pergamino para datar su hechura. Bertoni y Scotta, quienes financiaron el trabajo junto a otros futbolistas argentinos, pidieron a Álvarez Duarte que en ese documento pintara un escudo del Sevilla. El escultor lo pintó, pero añadió también otro del Betis, su equipo.
Bendición en la catedral metropolitana
En septiembre de 1980, la imagen del Señor Cautivo para Buenos Aires, cuyo rostro recuerda vivamente al del sevillano Cristo de la Sed, esculpido en 1970, fue trasladada en un avión de las Fuerzas Aéreas Argentinas bajo la supervisión de monseñor Keegan. Antes del viaje estuvo expuesta en la casa hermandad de Los Gitanos. El modista Cerezal le confeccionó una túnica morada.
La talla fue bendecida el 5 de enero de 1981, vísperas de la Epifanía del Señor, en pleno verano austral. La bendición estuvo a cargo del cardenal Juan Carlos Aramburu, primado de Argentina, en ceremonia oficiada en la catedral metropolitana de Buenos Aires en presencia de Bertoni, Scotta, quienes ya no estaban en el Sevilla, y Álvarez Duarte. El Cautivo quedó entronizado como Señor del Gran Amor, pero el pueblo, que lo venera, lo llamó desde el primer momento Cristo de los Futbolistas. A él le rezan tanto los jugadores que llegaron a las categorías altas como los niños que sueñan con alcanzar la gloria futbolística. Sale en vía crucis en la otoñal tarde del Viernes
Santo bonaerense. Piedad popular de ida y vuelta. De Sevilla para el mundo.
José María AGUILAR